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domingo, 23 de diciembre de 2012

Petro y los tentáculos del neoliberalismo

Por Pablo Emilio Obando Acosta


Intentaré abordar esta columna partiendo de definiciones que nos permitan entender la realidad de lo expuesto, no en vano soy un maestro de escuela que tiene que repetir una y otra vez sus discursos pedagógicos. Neoliberalismo: "El neoliberalismo es una corriente político-económica que propugna la reducción de la intervención del Estado al mínimo.  Hace referencia a la política económica con énfasis tecnocrático y macroeconómico, pretendiendo reducir al mínimo la intervención estatal tanto en materia económica como social, defendiendo el libre mercado capitalista como mejor garante del equilibrio institucional y el crecimiento económico de un país".  Bueno, aquello de que su pretensión sea  el constituirse en el "mejor garante del equilibrio institucional y el crecimiento económico de un país" está en entredicho por todo lo observado en los países que, como Colombia, han aumentado la brecha de la inequidad al mismo ritmo que sus instituciones se pierden entre la bruma de empresas y empresarios que socializan las perdidas y privatizan las riquezas.  Es casi que un simple decir que nos hizo creer que con el transcurrir de los días mejorarían las condiciones laborales, salariales y sociales de los habitantes de esta franja del planeta.  Pero sí es cierto aquello de que se redujo al "mínimo la intervención estatal" tanto en materia "económica como social". Y en eso se ha constituido el neoliberalismo en nuestros países, en quitar responsabilidades al Estado para entregarlas a particulares que se han quedado con la empresa, con el capital, con las ganancias y con el mismo país.  Y es tal la trama que armaron que ya casi es imposible recuperar esa soberanía nacional que nos hacia dueños, así sea en papel, de nuestras propias empresas de salud, de aseo, de vías y de comunicaciones.


Primero se llevaron nuestras carreteras; luego vinieron por las empresas de telecomunicaciones; no contentos con ello se apoderaron de nuestras vías y terminaron con la salud. No sin antes hacer un barrido por las empresas licoreras, por las industrias textiles, por el petróleo, el oro y todos los recursos naturales.  El Estado se achicó, cumpliendo el precepto neoliberal, entregando a particulares nacionales y extranjeros el manejo, usufructo y propiedad de  empresas y entidades que pertenecían al pueblo colombiano, dejándonos únicamente la responsabilidad de sostener con nuestros aportes o impuestos unas nuevas superestructuras concebidas a la medida de las políticas neoliberales.  Las empresas publicas –agua, luz, teléfono, salud-, comenzaron a privatizarse bajo la premisa de que la inyección de capital generaría empleo, desarrollo económico y social y fortalecería al Estado al liberarlo de cargas contractuales y permitirle mayor inversión social con los grandes capitales que ingresarían a su arcas.  La realidad es otra y sobra decir que después de Angola y Haití, que ya es mucho decir, somos el país con mayor inequidad económica.


De ahí que es admirable el empeño de Gustavo Petro de pretender recuperar para los bogotanos una de las empresas más productivas, económicamente hablando, como la del aseo, en manos hoy de grandes consorcios y empresas que se lucran de una de las actividades más rentables del mundo y que requiere de una infraestructura que ya el Estado no dispone y que obliga a perpetuar su enajenación a capital privado y extranjero que se lleva las ganancias y que de vez en cuando apoya uno que otro programa social para justificar su presencia en las tierras de los chibchas. El fracaso de Petro, enfrentado a multinacionales, capitales extranjeros y medios de comunicación, es un  fracaso del pueblo colombiano en su intento pueril de recuperar su soberanía en las empresas que otrora manejaba y controlaba el Estado colombiano.  Se asemeja su lucha a la del personaje bíblico David que con una honda se enfrentó a Goliat, teniendo la suerte de derribarlo de una sola pedrada.  Con Petro la cosa es a otro precio pues este moderno Goliat dispone de inmensos capitales que le permiten contratar abogados especializados, pagar periodistas y medios de comunicación que muestran una y otra vez las imágenes de una Bogotá plagada de ratas y basura. Amen de que también educa a las nuevas generaciones en la creencia de que todo lo que huela a Estado es malo y en consecuencia se requiere la presencia salvadora del gran capital extranjero y civilizador.  Petro está solo en esta lucha que no le interesa a nadie más que a él pues ya tenemos en nuestros genes el código de barras del Neoliberalismo marcado y registrado.


Y el mensaje es claro: nadie más intente recuperar lo que ya se perdió; la energía, el agua, la salud, la educación, las vías, los recursos naturales ya pertenecen a la casta neoliberal que dispone de la logística necesaria para su operación.  En consecuencia hay que mofarse de Petro, censurar a Petro, escribir que es un loco, un necio, un  dictador, un payaso que ni siquiera puede ocuparse de las basuras de su ciudad.  Bien montada que tienen sus empresas neoliberales para que nadie invada sus terrenos y se perpetúen sus ganancias en este pueblo de miserables. Lo de David contra Goliat fue un golpe de suerte, lo de Petro contra el Neoliberalismo es un golpe de opinión que ya lo tiene perdido.  Y al perder Petro esta encrucijada contra las basuras –que en realidad es contra el neoliberalismo-, queda claro que únicamente cuando la miseria se acentúe y el hambre se multiplique entre el pueblo, solo en ese instante, miraremos hacia el Estado en busca de una mano salvadora que nos libere de los tentáculos neoliberales que cada vez nos vuelven más dependientes, estúpidos y deshumanizados.  Y lo más probable es que ya no haya Estado, ni hombres, solo bestias que miran hacia si mismo en un intento desesperado de volver sus pasos atrás.  Solo bestias que llevarán en su frente y en sus ancas el código de barras que los hace ciudadanos universales: Neoliberalismo.  Entonces no habrá basura en las calles ni en las avenidas.  Entonces no habrá hombres, ni siquiera Estado. El último de los hombres será un hedor que se perderá en el recuerdo de quienes alguna vez tuvieron una patria, una bandera y una nacionalidad.


peobando@gmail.com


From: Pablo Emilio Obando A. <peobando@gmail.com>
Date: 2012/12/23
Subject: PETRO Y LOS TENTACULOS DEL NEOLIBERALISMO

           

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