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jueves, 30 de abril de 2015

¿Educación y equidad?: Juan Manuel Santos Calderón de columnista a Presidente

¿Educación y equidad?: Juan Manuel Santos Calderón de columnista a Presidente
"Le llegó el momento a Colombia de hacer la paz con los educadores, de reconciliarse con la educación, de pensar en un futuro más digno y justo". 
MEMORIA SEÑOR JUAN MANUEL, ¡!!MEMORIA!!!
-A PROPOSITO DEL PARO DE EDUCADORES- 

Pablo Emilio Obando Acosta [peobando@gmail.com]

 En las páginas del diario capitalino El Tiempo (página 5A), con fecha viernes 3 de marzo de 2000 –viernes, por más señas- se publicó una columna de opinión del ahora presidente de la república, Juan Manuel Santos Calderón, por esa época director de la Fundación Buen Gobierno además de columnista de opinión titulada “Educación y equidad”.  Inicia esta columna de opinión con una sentencia hasta ahora vigente: “Si el gobierno quiere mantener la paz social, no puede obrar con incoherencia y discriminación. El maestro no puede ser un paria”. Esas palabras suyas, doctor Juan Manuel Santos, me hacen estremecer, pues a pesar del tiempo pasado continuamos siendo parias, peor aún, seres invisibles en una sociedad ajena a la importancia de la educación pues no solo no se mejoraron sus condiciones desatendiendo su denuncia pública si no que se legisló en contra de los docentes colombianos expidiendo unas normas (1278) que pauperizaron y desestimaron la importancia del educador en  nuestra sociedad.  Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, en su respectivo orden,  fueron los sepultureros de la educación colombiana. A usted, señor presidente, siguiendo sus propios consejos sobre educación, y ahora como presidente, le corresponde sacarla de la postración en que se encuentra. Tiene ahora las herramientas, las ganas y creo, la voluntad.

Decía usted en dicha columna que “no se entiende el trato de tercera que se le está dando a la educación en general y a los maestros en particular…”, trato reflejado en malos salarios, falta de oportunidades, condiciones laborales poco dignas y otra serie de factores que no quisiera enumerar, pero que usted de sobra conoce. Decía, clamaba y expresaba en esta columna que hoy le recordamos que “Mientras el país se mantenga indiferente frente a la suerte de quienes tienen la inmensa responsabilidad de educar a nuestros niños, nunca saldremos adelante. La gran mayoría de maestros en Colombia tiene que acudir al rebusque para completar sus ingresos. Sería bueno que los medios se concentraran en investigar y denunciar la verdadera y muy lamentable situación de la gran mayoría de los maestros. Para no ir más lejos, con 26 años de trabajo para llegar al tope del escalafón (grado 14) y después de sacar todos los títulos que se necesitan, un maestro acaba ganando menos que una secretaria recién ingresada a Ecopetrol. Eso no solo es injusto sino torpe y demuestra como tenemos de equivocadas las prioridades en este país…”. Duelen sus palabras, laceran, penetran los sentidos  y las ideas;  pero estamos en educación igual o peor que en la época en que usted escribió su columna-denuncia. Todavía nos toca rebuscarnos, aún ganamos menos que una secretaria o que cualquier profesional, aún nos dan trato de tercera, aún los ministros nos consideran vagos, rencorosos o buscapleitos. Hemos sido, señor presidente, resignados, callados, aguantadores como ningún colombiano y de ahí tal vez ese abandono al que nos tienen sometidos, en todos los sentidos, especialmente el salarial.

Pero, permítame expresarle, señor presidente, que los maestros somos la conciencia de Colombia, los pensadores, los líderes de opinión, los intelectuales entregados a las causas sociales (créame que no nos comemos un pan sin antes no ofrecérselo a nuestros muchachos); hemos dado mucho a cambio de casi nada, de lo elemental para vivir y llevar un poco de alegría a nuestros hogares. Nuestras vacaciones son nacionales, nada de extravagancias ni tiendas de marca, nos ha bastado un helado, un abrazo de ese ser querido o, simplemente, la sonrisa de esa chiquillada que nos mira alborozada en nuestras clases. Nada que presumir, poco que contar, escasamente con nuestro salario podemos ser los artífices de satisfacciones ajenas, de esa alegría que nos inunda cuando nuestro mejores muchachos, viendo nuestra real situación económica y laboral, nos muestran sus títulos de abogados, ingenieros o médicos.  Sólo presumimos de nuestra intelectualidad,  de nuestra inteligencia,  de nuestra sabiduría para mantenernos firmes en una profesión que  continua siendo mal vista y estigmatizada.

Nos unimos a su clamor cuando expresa en su misma columna que “si queremos sobrevivir en este mundo globalizado, no se puede seguir golpeando a la educación ni a los maestros. Y si el gobierno quiere mantener la paz social, no puede obrar con incoherencia y discriminación. Porque todo el mundo está dispuesto a hacer sacrificios, pero o todos en la cama o todos en el suelo”. Y los maestros ya nos hemos sacrificado mucho en espera de un hombre visionario como usted que rija los destinos de nuestro país y sea coherente con su pensamiento. La Paz, señor presidente, es educar bien, en condiciones dignas y esmeradas. La Paz, señor presidente, es estimular la profesión docente, con buenos salarios  y trato justo y equitativo.  Le llegó el momento a Colombia de hacer la paz con los educadores, de reconciliarse con la educación, de pensar en un futuro más digno y justo. Está en sus manos el pasar a la historia como el presidente de la Paz y la Educación, sinónimos que se escriben distinto pero que suenan igual ante el pueblo colombiano.


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