Google
Google http://reporterosoyyo.blogspot.com/
Suscríbase ahora al Feed RSS del ReporteroSoyYo Suscríbase ahora

martes, 14 de abril de 2015

No sería capaz de leer de nuevo: Las venas abiertas de América Latina

No sería capaz de leer de nuevo: Las venas abiertas de América Latina
SOBRE GALEANO Y EL PERFECTO IDIOTA LATINOAMERICANO: Pablo Emilio Obando Acosta

Sin duda alguna  Eduardo Galeano será recordado por “Las venas abiertas de América Latina”, texto de obligada lectura para los neófitos universitarios  que aprenden rápido a lanzar piedras a todo cuanto huela a oligarquía e imperialismo. Dicho texto publicado en la década de los setenta del siglo pasado, traducido a casi todos los idiomas del mundo y un best seller desde su aparición fue duramente cuestionado por su propio autor en un auto de fe que aún no ha tocado a sus seguidores: “No sería capaz de leerlo de nuevo (su libro Las venas abiertas de América Latina). Caería desmayado. Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Intentó ser una obra de economía política, sólo que yo no tenía la formación necesaria. No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada”. Sus adeptos no logran despuntar sus premisas manteniéndose perpetuamente en un estado de idiotismo y perplejidad, toman sus proposiciones como dogmas al extremo de creer que todo es verdad y que ni una sola coma puede ser removida, se inspiran en sus conceptos y permanecen como fósiles ante sus argumentos ya caducos y superados históricamente.

La idiotez hizo carrera en América Latina en seres que siendo mediocres descrestan a las multitudes con argumentos populistas imposibles de llevar a una práctica económica o social, “Ella (la idiotez) es ideológica y política, pero, por encima de todo, frívola, pues revela una abdicación de la facultad de pensar por cuenta propia, de cotejar las palabras con los hechos que ellas pretenden describir, de cuestionar la retórica que hace las veces de pensamiento. Ella es la beatería de la moda reinante, el dejarse llevar siempre por la corriente, la religión del estereotipo y el lugar común”.  Muchachos imberbes hicieron carrera en sus páginas, generaciones enteras se perdieron en un cumulo de ideas y pensamientos que posteriormente el mismo Galeano denostara por superficiales e improcedentes; pero había que estar a la moda y llevar bajo el sobaco un ejemplar de las venas, pues daba un status intelectual que muy pocos lograron esquivar y superar. Para posar como intelectual comprometido con la causa se requería de muy poco: una barba fresca, una mochila sucia y desteñida, unos jeans descuidados y una capacidad rapaz en la palabra endulzada con citas someras  de filósofos o economistas de bolsilibros, pues “En la formación política del perfecto idiota, además de cálculos y resentimientos, han intervenido los más variados y confusos ingredientes. En primer término, claro está, mucho de la vulgata marxista de sus tiempos universitarios. En esa época, algunos folletos y cartillas de un marxismo elemental le suministraron una explicación fácil y total del mundo y de la historia. Todo quedaba debidamente explicado por la lucha de clases. La historia avanzaba conforme a un libreto previo (esclavismo, feudalismo, capitalismo y socialismo, antesala de una sociedad realmente igualitaria). Los culpables de la pobreza y el atraso de nuestros países eran dos funestos aliados: la burguesía y el imperialismo”.

Muchos idiotas llegaron o alcanzaron el poder mediante una verborrea que gustaba a quienes la escuchaban pues traducía sus angustias en explicaciones fáciles y sencillas de digerir, la política se convertía entonces en una sucedánea de la religión y se bajaba a los ídolos cristianos para encumbrar a los altares a asesinos y bandoleros que pregonaban la guerra o la muerte como el único y expedito camino para alcanzar la redención social.  Se aprendía entonces a despreciar a los ricos, a odiar a los empresarios, a sospechar de todo capital y a sentirse honesto compartiendo una miseria que a nadie hacia bien pero que nos permitía esconder las incapacidades para iniciar un proyecto con beneficios económicos y sociales, “De esta manera el perfecto idiota, cuando resuelva hacer carrera política, cosechará votos para hacerse elegir diputado, representante a la Cámara o senador, gobernador o alcalde. Y así, de discurso en discurso, de balcón en balcón, irá vendiendo sin mayor esfuerzo sus ideas populistas. Pues esas ideas gustan, arrancan aplausos. Él hará responsable de la pobreza no sólo a los ricos (que todo lo tienen y nada dan), sino también a los injustos términos de intercambio, a las exigencias del Fondo Monetario Internacional, a las políticas ciegamente aperturistas que nos exponen a competencias ruinosas en los mercados internacionales y a las ideas neoliberales”.

A pesar del auto de fe de Galeano, su libro continúa seduciendo a las masas latinoamericanas que se encienden y enardecen ante una sola de sus citas, sus apóstoles y mesías entendieron que hacer política de esa manera es fácil y económico, pues sus grandes sueldos de senadores, diputados o concejales no engrosan la lista de pecados descritos en sus páginas y visten y viven como “oligarcas” mientras presumen de justicieros al tiempo que sus adeptos practican una pobreza santa y franciscana.  En las venas abiertas de América Latina se retratan los bufones políticos que entre contorsiones y dichos seducen a sus electores, pregonando doctrinas imposibles y fáciles de digerir. También nos preguntamos, sin encontrar una repuesta efectiva,  “¿Qué hay en este libro que miles de personas compran, muchas leen y un buen por ciento adopta como diagnóstico y modelo de análisis? Muy sencillo: Galeano — quien en lo personal nos merece todo el respeto del mundo —, en una prosa rápida, lírica a veces, casi siempre efectiva, sintetiza, digiere, amalgama y mezcla a André Gunder Frank, Ernest Mandel, Marx, Paul Baran, Jorge Abelardo Ramos, al Raúl Prebisch anterior al arrepentimiento y mea culpa, a Guevara, Castro y algún otro insigne «pensador» de inteligencia áspera y razonamiento delirante. Por eso su obra se ha convertido en la Biblia de la izquierda. Ahí está todo, vehementemente escrito, y si se le da una interpretación lineal, fundamentalista, si se cree y suscribe lo que ahí se dice, hay que salir a empuñar el fusil o —los más pesimistas — la soga para ahorcarse inmediatamente”. Así de fácil, un compendio de citas que permitían o permiten disfrazar la holgazanería intelectual como erudición profunda y regia.

Durante años se izaron banderas contra todo lo extranjero, contra toda inversión foránea, contra toda posibilidad de alianzas económicas o contra toda privatización de empresas que hedían a quiebra o politiquería banal, se perdieron grandes oportunidades de progreso gracias a protestas de intelectualoides que desconocían las verdaderas reglas del mercado internacional y que nadaban superficialmente entre las aguas de las corrientes históricas y económicas.  Lo importante era arrancar aplausos, ganar el escaño en el sindicato, decir a las masas lo que querían escuchar, sacudirle las babas a los mamertos que se morían por lanzar una piedra o gritar consignas viejas y desgastadas (presente, presente, presente – abajo, abajo, abajo…) en las protestas contra todo y contra todos.  Pero que jamás dieron sus frutos y que arrasaron consigo y con las otras miradas que no buscaban el mero aplauso si no una verdadera renovación ideológica e histórica.  Por muchos años la figura del mamerto era el requisito único e incondicional de la izquierda latinoamericana. Con unas cuantas frases y una pose intelectualoide –vestir descuidado y barato, mochila, sandalias o zapatos desgastados- se lograba cautivar a las masas de electores, lo demás era simple demagogia y repetición de un libreto que aparente juicio intelectual y consumación editorial. Pero, “vamos a ver: supongamos que los evangelios del señor Galeano se convierten en política oficial de América Latina y se cierran las exportaciones del petróleo mexicano o venezolano, los argentinos dejan de vender en el exterior carnes y trigo, los chilenos atesoran celosamente su cobre, los bolivianos su estaño, y colombianos, brasileros y ticos se niegan a negociar su café, mientras Ecuador y Honduras hacen lo mismo con el banano. ¿Qué sucede? Al resto del mundo, desde luego, muy poco, porque toda América Latina apenas realiza el ocho por ciento de las transacciones internacionales, pero para los países al sur del Río Grande la situación se tornaría gravísima. Millones de personas quedarían sin empleo, desaparecería casi totalmente la capacidad de importación de esas naciones y, al margen de la parálisis de los sistemas de salud por falta de medicinas, se produciría una terrible hambruna por la escasez de alimentos para los animales, fertilizantes para la tierra o repuestos para las máquinas de labranza”. Así de fácil y así de complejo, pero si ante la confesión de Galeano sobre su texto -“No sería capaz de leerlo de nuevo (su libro Las venas abiertas de América Latina). Caería desmayado. Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Intentó ser una obra de economía política, sólo que yo no tenía la formación necesaria. No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada”-, sus adeptos, que son muchos y por millares en Latino América, hacen oídos sordos y esgrimen sus extractos ideológicos para justificar sus intentos vanos de subversión que no es otra cosa que su misma incapacidad para entender procesos históricos que no pueden contener pero que les deja grandes réditos políticos y electorales.

Fuimos idiotas, crecimos entre idiotas, seguimos a idiotas populistas y demagogos que entendieron a tiempo que la masa se mueve fácil cuando simplemente se la interpreta pero no se la traduce; nos quedamos en el qué sin que nunca se nos diga el cómo, nos estancamos en las posibilidades  de lo imposible simplemente para no vernos en el espejo de la idiotez.  A Galeano hay que rescatarlo de entre sus mismos idiotas para entenderlo en la plenitud ideológica que descubrió entre los fósiles de un continente apabullado por los estultos gritos de unos despistados seres que han hecho del anhelo de la revolución su mejor negocio.

peobando@gmail.com
Share:
Publicar un comentario