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domingo, 16 de agosto de 2015

En Táriba-Táchira, católicos celebran 'Día de la Virgen de la Consolación 2015'

En Táriba-Táchira, católicos celebran 'Día de la Virgen de la Consolación 2015' cucutanoticias.com cucutanoticias1.blogspot.com
Católicos diocesanos celebraron el día de la Virgen de la Consolación

Prensa DiócesisSC.-El 15 de agosto los católicos diocesanos festejaron a la Patrona del Táchira, nuestra Señora de la Consolación del Táriba, participando de las diversas celebraciones estipuladas para la fecha central, destacándose entre ellas las procesiones y la Misa Pontifical.

La mayor concurrencia celebrativa se presentó en la celebración de la Misa Pontifical que se efectuó en la avenida uno de Táriba, celebración eucarística que se inició con la llegada de la procesión que acompañaba a la Virgen desde San Cristóbal.

Esta romería matutina tenía como objetivo retornar la imagen de la Virgen a su lugar de pertenencia, luego de que la Patrona del Táchira visitara a la ciudad capital del estado. La procesión de retorno partió desde la catedral de San Cristóbal a las seis de la mañana con la bendición impartida por parte del Obispo Mario Moronta, y atravesó la ciudad por la quinta avenida en sentido sur-norte, lo que permitió que los feligreses, y los encargados del traslado y cuidado de la carroza alcanzaran la redoma del Samán para emprender su transitar por la avenida Libertador y así llegar al municipio Cárdenas. Durante el trayecto de la procesión, los organismos respectivos brindaron el apoyo logístico a los peregrinos que manifestaban de modo público su fe.

Pero no sólo la procesión del traslado de la Virgen contó con una asistencia masiva de fieles, sino que todas las principales vías que conducen a la población de Táriba sirvieron de paso a niños, niñas, hombre y mujeres, provenientes de diversas partes de la región y quienes acudieron desde tempranas horas del día a visitar el Santuario Basílica de Nuestra Señora de la Consolación, y aunque en el recinto eclesial no estaba la imagen original que era la transportada en la procesión desde San Cristóbal, los fieles devotos presentaban sus oraciones y veneración a la réplica que ubicada en el camarín central y que durante la novena peregrinó por diversos sectores de los municipios Cárdenas, Andrés Bello y Guásimos.

La Misa Pontifical fue presidida por monseñor Mario Moronta, Obispo de la Diócesis y le acompañó Monseñor Luis Alfonso Márquez, obispo emérito de Mérida. Asistieron 43 sacerdotes y un diácono y la liturgia fue coordinada por el Seminario Diocesano “Santo Tomás de Aquino” junto con los laicos de la parroquia Nuestra Señora de la Consolación y los cantos litúrgicos a cargo del coro de la mencionada parroquia.

Participó en la eucaristía el gobernador del estado Táchira, José Gregorio Vielma Mora junto a su esposa Karla Jiménez de Vielma. También estuvo Nellyver Lugo, presidenta del Consejo Legislativo del estado Táchira y otros integrantes del tren ejecutivo del gobierno regional, además de los directores de diversos organismos que brindaron sus servicios durante todos estos días de celebración mariana. Estaban también presentes diversas autoridades del municipio anfitrión, encabezadas por el alcalde de Cárdenas, Ricardo Hernández. Hizo acto de presencia la alcaldesa del municipio San Cristóbal, Patricia de Ceballos, quien efectuó el peregrinaje desde San Cristóbal.

En la homilía el Obispo comenzó por dar la bienvenida a todos los presentes a Táriba, localidad a la que denominó la “Nazaret del Táchira”, porque en dicha población está la casa de la Virgen en Táchira.

Empleó  el Obispo como telón de fondo para la reflexión y meditación, el texto bíblico de «las Bodas de Caná».  Táriba -dijo Monseñor Mario a los asistentes- es un sitio para peregrinar, pero es un lugar en el que se  puede aprender a conocer a María, las enseñanzas sobre su Hijo y las instrucciones para guardar los misterios de Cristo en cada corazón, de modo que estas iluminen las acciones cotidianas de todos los que conformaban esa asamblea. Agregó Monseñor, que el relato de las Bodas de Caná tiene a María y Jesús como protagonistas y que además de ello mantiene un doble significado el primero «eucarístico» y el segundo «salvífico». Prosiguió: “eucarístico, porque es anuncio de la nueva realidad transformadora que anuncia el contenido de la Misión de Jesús y salvífico porque manifiesta la acción para la cual ha venido Jesús, que consiste en la liberación-salvación de la humanidad”, agregando además que “ambas características desembocan en la reacción de los primeros seguidores de Jesús: comenzaron a creer”.

Invitó el Obispo Diocesano a los fieles a fijarse en cuatro elementos del texto en cuestión: el encuentro dialogal entre María y Jesús, el agua, solicitada por Jesús; el vino nuevo y sabroso y por último la fe en el Señor Jesús por parte de los discípulos.

Luego explicando cada elemento, destacó en relación al encuentro dialogal de María y Jesús, que el mismo es un  encuentro en el que se manifiesta que hay sintonía y que es dialogal, pues existe comunión entre ambos y terminó esta  argumentación diciendo que “no puede darse ningún diálogo si no hay encuentro”. Además, recordó que la insistencia del encuentro personal y eclesial con Cristo -efectuada por los Sumos Pontífices desde San Juan Pablo II hasta Francisco- implica la sintonía y comunión, a la vez que debe ser enriquecido con la Palabra viva de Dios y los sacramentos para asumir las consecuencias de una práctica del amor fraterno. Terminó el Obispo este aspecto recordando que el encuentro vivo con el Señor, además de ser personal, debe ser eclesial-comunitario, pues el encuentro con Dios es imposible si no se hace también desde el encuentro fraterno con los hermanos.

El explicar sobre el diálogo, le permitió a Monseñor pasar al elemento del vino enfatizando seguidamente: “en nuestro tiempo a muchos se les ha ido acabando el vino como a los novios de Caná. Esto sucede en el mundo, en nuestro país y en nuestra región: cuando se siente la impotencia ante tantas dificultades y la indefensión ante situaciones como las de la violencia, la delincuencia, la inseguridad en los diversos órdenes de la vida, cuando escasean los alimentos y las medicinas, cuando se menosprecia la dignidad de tantos seres humanos y no se les trata como a personas humanas, cuando se secuestran a niños y adolescentes para convertirlos en esclavos o prostituirlos y así producir sórdidas ganancias a mafiosos, cuando se irrespetan los derechos humanos en tantos sentidos, cuando se pierde el sentido de la solidaridad y se promueve el individualismo, cuando se promueve el comercio de la muerte con el alcohol y la droga, cuando se vacían los corazones con tanto consumismo materialista, cuando el bien común es menos importante y se promueve una falsa cultura del bienestar sin valores y centrado en el placer egoísta, cuando se impone el odio y la revancha como método de subsistencia”.

Lo anterior sirvió para que el Obispo desarrollará el concepto del agua, haciendo a su vez una exhortación aplicativa en el actuar de los creyentes: “Si los católicos de verdad somos sensibles a lo que los oídos oyen y los ojos ven debemos acudir al Señor para decirle que los hermanos no tienen vino. La respuesta de Éste es precisa: llenen sus tinajas de agua. Y el agua siempre será signo de vida. El agua del evangelio se traduce en nuestra cotidianidad con un compromiso serio en el campo de lo social: solidaridad, fraternidad, justicia social, cercanía y acompañamiento a los más necesitados, reconciliación y perdón. Esa agua, siguiendo la enseñanza del magisterio de la Iglesia, también se traduce por una opción preferencial por los pobres y excluidos, una decidida acción a favor de la vida, desde la que palpita en los vientres maternos hasta la que está por dar el salto a la eternidad, por defender la familia como el auténtico santuario de la vida y el matrimonio entre hombre y mujer como el único verdadero. Es el agua de lo auténticamente humano, con los valores y principios que sostienen la dignidad humana y que el mismo Dios ha colocado en las fuentes de nuestras propias personas para compartirla con quienes la necesitan”.

Este esperado modo de actuar de los católicos, tiene su repercusión pues: “si llenamos de esa agua las tinajas de los hermanos y de la sociedad, Dios la seguirá convirtiendo en el vino de la liberación que dignifica a todo ser humano” y es así como manifestaremos al igual que los discípulos, la fe auténtica en el Señor.

El Obispo al finalizar la celebración señaló que para bien de la feligresía peregrina, este año 2015 se implantaba la modalidad de realizar la procesión desde la Avenida Uno de Táriba hacia la Basílica, al término de la Misa Pontifical, con el fin de que la Virgen recorriera a Táriba e hiciera su ingreso al Santuario Diocesano, Basílica de Nuestra Señora de la Consolación, de modo tal que los peregrinos que la visiten puedan encontrarla, orar y observarla en su casa.


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Virgen de la Consolación de la Nazaret del Táchira | Celebración de la Misa Pontifical | Monseñor Moronta, Obispo de San Cristóbal La imagen a su llegada de nuevo a la Basílica

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